28.6.10

¿Mejor que la original?

Capitulo IV
(And there’s nothing I can do.)

Para introducir este post tengo que usar las palabras de Jordi Soler en su disertación sobre los viajes del mayor Tom, publicado en abril de 1996 en el diario la jornada, donde Jordi decía:

“La experimentación con drogas ha dejado infinidad de obras artísticas. Novelistas, pintores y músicos las han aprovechado para expandirse, ellos mismos con sus obras, más allá de los límites de la percepción simple. Como sucede con todos los experimentos, hay quien crece a partir de éstos y también hay quien pierde el control y se desvanece.”



“En 1969 David Bowie, inmerso en esta experimentación, construyó Space Oddity (``Rareza'' espacial y no ``Odisea'' espacial, como suele traducirse), una de las obras más hermosas del género y, además, la canción que definió el rumbo de su carrera.”

En Space Oddity, escuchamos, como si estuviéramos a bordo de la misma nave, la historia del Mayor Tom, que es un astronauta que apenas vislumbra el espacio exterior le entra una tristeza al ver hacia atrás a la tierra y encontrarla tan “azul” que no hay nada que el pueda hacer al respecto. Conocemos lo que el Mayor va viviendo através de su comunicación con el control terrestre de la nave, modo en el que nos enteramos también que el mayor después de entrar en contacto con aquel espacio exterior donde las estrellas se ven tan diferentes, decide que no tiene grandes motivos para volver a ese planeta que ha dejado atrás, y dejando una despedida para su esposa a los del control terrestre, abandona la posibilidad de un posible retorno. Para redondear la idea de Soler sobre la clase de “viajecito” de la que el Mayor Tom está hablando, leamos al propio Jordi:

“Aplicándole a esta historia la perspectiva de la parábola, es fácil llegar a la conclusión de que la nave del mayor Tom era más bien una sustancia, y también podemos suponer que su renuncia a viajar de regreso a la Tierra, era la voluntad de no regresar a sí mismo. Es decir, que el mayor Tom optó por desconectarse. Calificar esta acción como un suicidio sería una vulgaridad, más bien se trata de intercambiar el resto de una vida sin sentido, por la plenitud espacial, que no podía durar más allá del límite que le marcaban sus tanques de oxígeno.”

Apoyándome en esta teoría de Jordi Soler,  he encontrado dos covers que a juicio mío plasman aquel sentimiento de perdida que en la canción se va vislumbrando.

Esta versión me gusto sobre todo porque los sonidos gozan de aquellos espacios vacíos que me supongo que uno solo podría encontrarlos tan silenciosos en el espacio exterior. La instrumentación y los coros producen un sentimiento ambivalente entre el miedo y la fascinación que el espacio a despertado milenariamente en el género humano. Y si no me creen, solo escuchen esto:




De verdad me sorprendió la cantidad de covers que hay en la red de esta rola, aunque era de esperarse que un clásico de este calibre encendiera en tanta gente el deseo de versionarla, si tuviera como, hasta yo lo haría.

El otro cover con el que me quedo, por la oscuridad que era de esperarse que Peter Murphy le impondría como sello de casa y que es por mucho un excelente modo de rendir tributo a una canción como Space Oddity en los terrenos que el propio interprete domina (poner especial atención a partir del minuto 3:12). Y bueno, es que esa voz de Murphy nos hace tener poquitos peros que ponerle a esta versión. Enjoy it.

23.6.10

Because you're mine

El silencio acumulado de semanas pesa como un bulto de cemento. Hace apenas unas horas una nota escrita guardada en un bolsillo abrió mil posibilidades. Si hubiera un recuerdo exacto del momento, serían unos ojos furiosos plasmados a media plana en una viñeta cruzada de un cómic, del otro lado esta la línea escrita: “Tenemos algo pendiente en el Lusitania a las doce este jueves”.

Ni bien leí Lusitania, se me vino el mundo encima. Un motel de paso con un nombre ridículamente pomposo al sur de la ciudad, tristemente recordé que ahí solíamos ir antes de irnos a vivir juntos. Recordar aquello no hizo más que sentir el aguijoneo de los celos en mi corazón, mi estomago giraba apunto de la nausea. Dos días de observarte a hurtadillas sondeando tu actitud, sonriéndote falsamente, aparentando, para mermar sospecha alguna, en fin “actuando natural”.

Una vez tomada la resolución final, no me costo ningún trabajo averiguar en que habitación resolverías tu pendiente del jueves, ni tampoco tuve ninguna duda sobre el lado del meridiano de esas doce de las que la nota hablaba. No es fácil olvidar el seudónimo que siempre usabas para nuestras citas clandestinas, ni tampoco reconocer que por pasar un día entero de placeres carnales eras capaz sin problemas de reportarte enfermo al trabajo. No había un solo rastro de originalidad en tus actos, eras simplemente tu, actuando como tu mismo. Hasta acerté al conocer de antemano que ahorrarías lo del room service llevando tus propias viandas, que, sin el menor reparo tomaste de la alacena.

Hace dos horas que espero en la habitación junto a la tuya la llegada triunfal del hombre que hasta ayer era mío y la mujer con la que ahora prefiere compartir sus tardes en el Lusitania. No puedo evitar parodiarme a mi misma recordando esa canción naquísima de Pimpinela: “Yo le doy mi lugar, que recoja tu mesa que lave tu ropa y todas tus miserias” No es que creyera que eras un verdadero santo, ni que llegado algún momento de nuestra relación no buscarías otras distracciones, pero hace apenas cuatro meses que estamos viviendo juntos, no es el tiempo que yo tenía pensado que esto duraría.

¿Qué hago con las frases tele-noveleras que tengo atoradas en la garganta desde el martes? Yo que detesto lo cursi, ahora hago de detective acechando al infiel. Nunca pensé verme en esta situación. Yo, que me reía de tu esposa cuando me contabas que una vez trató de intervenir el teléfono, pensando inocentemente que yo te llamaba a tu casa. Y aquí estoy hospedada en el Lusitania, ignorando si es más el celo que la curiosidad por ver quien te ha hecho en tan poco tiempo volver a bajarte los pantalones en un cuarto de hotel. Mi reloj indica que ya son las doce, debes como mucho estar afuera esperando a tu amante, en unos minutos se abrirá la puerta de la habitación contigua. Mi puerta estratégicamente abierta permite que en la luna de este cuarto se refleje la entrada del tuyo, vista desde la penumbra en que me encuentro la panorámica no podría ser mejor, tengo acceso a lo que ocurre afuera desde el fondo del pasillo que ahora mismo estas doblando en esta dirección, mis puños se cierran con tal fuerza que las uñas abren llagas en mis manos. En un arranque de pavor cierro la puerta antes que el misterio sea develado, y me pregunto si en verdad quiero saber tanto. Justo en ese momento la puerta de al lado se abre y escucho tu voz instar a apresurarse a tu acompañante. Recargada en cuclillas tras mi puerta escucho una risa, mi estomago da un vuelco al reconocer esa vocecilla de la que tanto hiciera mofa muchas ocasiones. No parece ser real lo que me ocurre, no parece haber lógica en los sucesos. ¿Para qué dejaste a esa mujer por venirte a vivir conmigo si al final sigues viéndote con ella? La respuesta es inmediatamente contestada del otro lado del muro. La has llamado Isabel. Eres un desagraciado. Había oído decir que la madre de tu ex era idéntica a ella, pero esa voz, es la misma voz chillona que me contesto aquel sábado que me dijiste que tu mujer te obligo a acostarte con ella por última vez antes de acceder a firmarte el divorcio.

No necesito más aclaraciones, siempre ha sido ella. Yo solo fui un pretexto en tu vida para dejar por fin a aquella otra. Pero Isabel exige, del otro lado de la pared la escucho con esa voz que ahora lejos de parecerme estúpida, me suena increíblemente sensual. Su voz exige mientras jadea, no hay duda quien manda allá del otro lado. Ella ya se encargo de su hija, es tu turno de quitarme a mi del camino. Isabel y sus sensuales jadeos dejan bien claro lo que quieren, la cabeza de la que al lado escucha sin  saberlo Isabel ni tú. Ella ha matado ya  a su hija (y yo no lo sabía), lo dice entre incitantes murmullos a tu oído. De ti no se escuchan apenas más que suspiros, suspiros que yo nunca te había escuchado ni en nuestros días más oscuros. Mi mente se desarma en un rompecabezas de piezas que ahora encajan de modo distinto.

Abro los ojos y de nuevo veo a aquel oficial que insiste en decirme que no eras tú el ocupante de aquella habitación, y que esa tal Isabel que yace en la morgue hace horas con el rostro cruzado por dos heridas de un arma asombrosamente punzo-cortante jamás a tenido siquiera edad para ser madre de alguien mayor a diez años. Yo lo miro a los ojos y empiezo a recordar pequeños instantes de aquella noche.

Ahora, el oficial insiste en que mi nombre es Estela, que vivo con mi madre Isabel en un departamento al sur de la ciudad, que soy divorciada y que mi esposo me dejo porque ya tenía tiempo saliendo con otra mujer. Todo eso lo escucho desde un rincón en una diminuta celda. Me asomo al cubículo contiguo. Un tipo de blanco menciona la palabra esquizofrenia, mientras el oficial comienza a parecerme conocido. Eres tu maldito, quieres pasarte de listo, ¿no? Ya lo verás, en cuanto tenga oportunidad voy a caerte encima como una plaga, aprenderás a ser fiel aunque no quieras, después de que vuelva a hacerte lo de aquella noche en el hotel, no habrá más que una mujer que te acepte en su vida. Y verás que pronto aprendes tu lección. Te voy a hacer pagar lo que he sufrido, pero no te preocupes, que yo voy a perdonarte, sabes que yo nunca podría abandonarte. Yo seré la única que estará a tu lado para siempre; aun si jamás vuelves a ser un hombre a mi lado.

8.6.10

Alucino tu amor.

Sufro una alucinación recurrente,
Imagino mirar que te aproximas.
Y vienes a mí sin confusiones,
Y vienes a mi toda armonía.

Y lentamente me apagas las luces
Aquellas que me obturan el deseo.
Y observo como avanzas transparente,
Y lentamente te deslizo a mi costado.

Ya no eres mas ese absurdo que lacera,
Ya no eres el desprecio encarnecido.
Y te absuelvo de todos tus pecados,
Y te observo incorporarte a mi materia.

Y en esa comunión de mis sentidos
Quisiera prolongarme hacia el futuro;
Y avanzar junto a ti conmigo dentro,
Y adentrar tu materia en este cuerpo.

Pero entonces la realidad me pesa,
De plomo en mis espaldas toneladas ;
Pues claramente veo que no es posible,
Hacer que te arrepientas de tus faltas.

Y recuerdo que solo estoy soñando
Con los ojos en vela mis deseos.
Y cuando llegues tarde nuevamente,
Sabre que no has dejado de quererlo.