26.3.10

Tiempo de Híbridos.

El presidente de México ha tachado esta semana al narco de una “ridícula minoría”, y uno se ríe, porque llorar ya no es opción. A los dos estudiantes muertos a las puertas del Tecnológico de monterrey no les habría hecho tanta gracia el chistecito, y menos a sus padres que se les diera el distintivo de miembros de la “ridícula minoría”. Hace unos días también escuchamos declaraciones del secretario de gobernación reprochándole a Janet Napolitano una declaración donde decía que la presencia del ejército en Juárez no ha ayudado en la lucha contra la delincuencia en Juárez, diciendo que también el gobierno gringo tiene su responsabilidad en el asunto. Paradójicamente, también esta semana se dio a conocer la captura de algunos miembros de esta delincuencia organizada en manos del ejército, luego de un enfrentamiento entre ambos, y con la novedá mi general, de que al día siguiente uno de ellos amanece ejecutado y encobijado, y nadie supo que paso. Al otro lo encontraron, como es natural en su casa, con su familia, disfrutando de lo derechos humanos que por ley universal le corresponden.

¿Y el presidente no ve eso? Se ha cansado de justificar la presencia militar en zonas de conflicto, y en Nuevo León, para variar, también esta semana se hicieron cercos con vehículos robados en importantes avenidas impidiendo el tránsito local, ¿y eso cómo se justifica? Algunos, como el rector del TEC de Monterrey plantean que ante la falta de una autoridad competente no hay más que las fuerzas castrenses, pero, agrega, ¿a ellos quién los supervisa? No hay estado de derecho en Juárez, es verdad, para que nos ponemos broncos cuando lo único que Janet Napolitano dijo fue la verdad, es cierto que ellos tienen bastante vela en este entierro, eso lo sabemos todos, pero al final se confirma aquello de que la verdad no peca, nomás incomoda. Pero ¿Juárez es el único lugar donde no hay estado de derecho?, señores, repito esta frase, esta misma semana se le ha dado la espalda a la recomendación de la CNDH a la PGR en los casos de Alberta Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, acusadas de de secuestro, por la supuesta retención de seis elementos de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI) de la Procuraduría General de la República (PGR). A pesar incluso de que algunos políticos con afanes electorales han declarado la injusticia que el caso a todas vistas representa.

Y entonces que señor presidente, ¿a los delincuentes hay que dejarlos salir por la puerta grande como sucedió ayer en un penal en donde más de 40 presos se fugaron ayudados por dos custodios , mientras personas que son usadas como chivos expiatorios pasan sus días en chirona? O bueno está también el caso del encobijado-detenido que seguramente estorbaba ya demasiado, tanto que valió la pena arriesgar la credibilidad del ejercito con tal de quitarse de encima a ese engorroso sujeto. Lo cierto es que el estado de derecho no se perdió de un día a otro en Juárez, ¿o acaso las muertas de Juárez ya quedaron en el olvido tan solo porque ahora el crimen organizado tiene que combatir contra el ejercito en lugar de dedicarse a sus labores acostumbradas? El estado de derecho se ha perdido con el paso del tiempo en una combinación de policías y autoridades corruptas coludidas con el narco, los secuestradores, y toda otra clase de delincuencia organizada. ¿Hasta que punto están coludidos que es ya imposible acabar con el crimen organizado porque está protegido por la ley? La lucha del ejercito es entonces una lucha no solo contra el crimen sino también contra las policías, y si a eso agregamos que hasta ahora el poder militar no esta sujeto a ningún lineamiento con respecto a las autoridades, que en todo caso uno se pregunta que tan útil sería supeditar a un grupo militar a unas autoridades corruptas (es así como podría explicarse el caso de los delincuentes detenidos que al día siguiente ya ni estaban detenidos, y si no ha sido por el que apareció ejecutado, nadie se habría enterado). La respuesta no existe, la corrupción está en todos lados, no hay que olvidar que tampoco la milicia esta nada limpia en este juego en el que el más limpio es estercolero.

Las personas honradas y trabajadoras, porque aun las habemos, no esperamos de nadie ya. No hay ley, no hay jurisdicción, no hay estado de derecho, pero no solo en Juárez señores, vámonos tan solo a medirnos en nuestro microcosmos. En cada colonia hay un ladrón del que hay que cuidarnos, o por lo menos en la mía sí. Hace unas semanas a mi hermana la asalto un vecino, días después al sentirse no tan solo reconocido, sino amenazado por las personas que amablemente se preocupan por el bienestar de mi familia, tuvo aun el descaro de presentarse a tocar a las puertas de nuestra casa, quesque para aclarar las cosas. Mi madre, que junto al sabio Salomón se juega un tiro rifado, jamás reconoció que en mi casa hubieran asaltado a alguien y le dijo al delincuente que no se preocupara, que mientras el tuviera su conciencia tranquila, para que andaba aclarando cosas. En pocas palabras le dio bofetada con guante blanco. Y ustedes dirán, huy!, si que fregona la señora, solamente se hizo la loca y aún así la alaba. Pues si, si lo hago, porque en estos días un valiente es tarugo y acaba en el hoyo, ya ven al pobre estudiante victima de las viudas negras lo que le paso. Mi madre fue sabia por dos razones. la primera porque uno no debe enfrentar a un delincuente sin saber que guarda bajo la ropa, y la segunda porque en este país no hay ley. Si usted reconoce y denuncia a un delincuente le pasara lo que al esposo de una amiga, que tuvo un altercado con una pandilla de ladrones y que aunque el día del suceso la libro porque se vio hábil, días después, los mismos maloras le metieron un madriza que lo llevo a pasar varios días en el hospital, y todo por hacerse el valiente en el primer encuentro con los citados malandros. En la colonia donde él hacía reparto para la empresa en la que labora, ya sabían de sobra de este grupo delictivo, en palabras del agraviado “unos chamacos de diecisiete años”, pero también advirtieron que a pesar de las denuncias de otros agraviados más, lo único que siempre pasaba era historia antigua, la patrulla los sube frente a los que demandan su apoyo, y seguramente algunas cuadras adelante los deja ir sin más, porque al siguiente día ya están otra vez en lo suyo. Y no me digan ustedes que no saben por lo menos de otros tres casos parecidos, ahí a la vuelta de su casa, en la colonia vecina ,cerca de su trabajo, etc, etc. etc.

Y bueno, podría pasarme hablando del tema tardes enteras y este sumario ya se ha convertido, más bien, como diría Sabina en un rosario de cuentas infelices. Y yo, estoy por terminar una semanita brutal. Me voy, pero me quedo con una pregunta en mi cabeza:

¿Acaso estaremos con toda nuestra tecnología y avances científicos, con nuestro Internet y nuestra imagen cosmopolita condenados a volver a la edad de las cavernas?


18.3.10

Learning to fly.

En un esfuerzo por fomentar la lectura en sus alumnos, la maestra Conchita; como la conocíamos en la Escuela Primaria Venustiano Carranza, nos hacía llevar un libro a cada uno de sus alumnos de sexto grado de primaria, mismos que teníamos un mes para leer y presentar un resumen antes que se intercambiaran y la historia volviera a comenzar.

Debo demasiado a esta maestra de primaria de gobierno, reconociendo de antemano que antes de que ella nos sembrara ese gusto por la literatura yo acostumbraba leer el libro vaquero, sensacional de barrios chalanas y chambitas, sensacional de luchas, la Bestia Roja y el Pantera que tomaba prestados de la albañilesca biblioteca para ilustrarse mientras caga de mi primo Felipe.

Recuerdo sobre todo el primer libro que leí, que era también el primero que encontré entre los libros que a mi hermana le habían comprado por encargo de su maestra de español de la secundaria. El libro era El llano en llamas del enigmático escritor mexicano Juan Rulfo y una de las cosas que más me impacto del libro fue la intimidad que encontré en sus cuentos de la vida rural del antiguo México pre y post revolucionario, misma de la cual yo ya había tenido mis primeros encuentros, aunque algunos bastante Light con películas en blanco y negro que pasaban por televisión todas las tardes cuando yo llegaba de la escuela.

Cuando empezó a rolar el ciclo de libros, recuerdo haber devorado con tenacidad títulos bastante dispares, que fueron desde una versión bien chida ilustrada de Roque el Trapero del escritor catalán Josep Vallverdú, pasando por Cuentos de los hermanos Grimm, los inquietantes Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, y eso si, tengo que reconocer que hubo algunas ocasiones en las que mi flojera fue más fuerte que yo y la verdad es que jamás leí cuando me toco La Metamorfosis de Franz KafkaUn Capitán de quince años de Julio Verne del cual después del éxito no obtenido con el resumen chafa que presente de La Metamorfosis (que por supuesto no había leído) decidí presentar mi propia versión libre de la historia. Así como lo leen, yo merita y sin ayuda de nadie tuve que inventarme de cabo a rabo un cuento nuevo para entregarlo como resumen, obviamente la maestra se daría cuenta, pero mientras yo ya había presentado a tiempo mi tarea ¿que no?, la sorpresa llego el día que nos entrego los trabajos calificados, fue el único diez que obtuve de toda aquella aventura, visto años después como un incentivo con guiño de ojo incluido de parte de la maestra Conchita a una de sus alumnas más flojas, pero también con bastantes huevos como para escribir cerca de cinco cuartillas de una historia que por lo menos cumplía con los requerimientos mínimos para que alguien terminara de leerla a pesar de que a partir de las dos primeras líneas sabía que, para tarea, no era más que un fraude.

Otra anécdota que tuve con esto de los libros rolados y que hasta la fecha no olvido, es el desprecio con el que siempre veía el libro titulado Las aventuras de Tom Sawyer. Nunca supe si era el grosor del volumen o el nombre gringo que no le decía nada a una fan from hell de las películas mexicanas en blanco y negro, el caso es que siempre pase sin ver a la hora de elegir el siguiente libraco que me llevaría a préstamo durante un mes a mi casita. Por azares del destino, muy poco tiempo después de que terminara la educación primaria el canal cinco empezó a transmitir en su versión anime Las aventuras de Tom Sawyer, y si algo se con absoluta certeza es que es una de las series animadas más divertidas que he visto en mi vida, era algo tan fresco y nuevo después del chilladero al que Remi, Heidy, Candy-Candy, Bell & Sebastian y Sandy Bell nos tenían acostumbrados. Mismo chasco me lleve años después al leer la Metamorfosis, ya con edad para comprenderla mejor y darme cuenta que de aburrida solo tenía la flojera que en sexto de primaria se apoderaba en ocasiones de mi persona. A la fecha nunca he leído Un capitán de quince años, pero siempre la recordare como la novela que me hizo comprender que cualquiera podía inventarse un cuento que mantuviera el interés en cada línea leída, y en ocasiones hasta yo.

No hay manera de decir porque algunos libros nos llaman la atención y otros no, el caso es que a veces uno debe dar la oportunidad a esos mundos alternos soñados por alguien más, de eso se trata la literatura, uno lee por el puro placer de inmiscuirse en otras vidas, por el afán de imaginar imposibles y verlos hechos realidad en fábulas, novelas de ciencia ficción, cuentos de terror y porque no hasta en novelas de Armando Ramírez.



Y  hablando de fabulas:

3.3.10

Dream a little dream of me.

Durante muchos días con sus inciertas noches.
Tuve la vana esperanza de volver a escucharte,
Deseo de repetir esas llamadas nocturnas,
Haciéndome saber que de mi cuerpo hambriento estabas.

Sin respuesta favorable he visto el tiempo correr.
El dolor de tu silencio a entristecer me convida
Y el teléfono en silencio me contempla perecer,
Y tú no me llamas nunca, y tú, ni señal de vida.

Y yo acá del otro lado del desesperante cable.
Soñando que tú me llamas, soñando que tú me sueñas.
Soñándote desnudo y febril a mi costado.
Soñándote desnudo y febril entre mis labios.
Soñándote desnudo y febril entre mis manos.
Rodando en está cama con tu cuerpo entrelazado.

Sin más ocupación nocturna que añorarte,
Insinuando tus locuras con malicia,
Repitiéndome en voz baja tus deseos.
Recordando esas promesas de caricias.

Soñando en voces, una vez, soñé tu voz,
Y mi voz clamo el deseo de tus besos.
Y dormida te narre mis movimientos.
Y soñando hablé a tu oído mis anhelos
De tus labios recorriendo mi desierto
Que agrietado a tu humedad crujió sonriendo.

Y esa voz que fue murmullo entre mis sueños,
Con demencia fue dictando movimientos
Que mi cuerpo sin control fue produciendo.
Y en la danza de mi oscuro movimiento
Te soñaba con tu cuerpo recorriendo mis adentros.

Y al húmedo despertar de mis gemidos
Despertaron otras tantas perversiones.
Y mis manos eran lánguidas las tuyas
Que a mi cuerpo acariciaban lentamente.
Y eran desesperantemente suaves,
Actuando morbosamente lascivas,
Intencionadamente escrupulosas.

Y cuándo al fin ese timbrazo me despierte
En medio de una noche, soñolienta,
Cuando a mi oído murmures tus deseos,
Yo, recordando ese sueño recurrente,
Sin tu haberlo siquiera imaginado;
De cómo tantas noches me has besado,
Narraré para tu placer únicamente.

Y si pasara el tiempo indiferente,
Y de mi no se acordaran tus recuerdos.
Te hallaré entre mis sueños nuevamente
Propinando a mi piel sensual tormento.

Y tu voz otra vez vendrá a mi mente
En murmullos nocturnos de deseo,
Invadiendo mis turbios pensamientos
Hasta el sueño soñado de mis sueños.

Y así otra vez podré tenerte dentro
Disfrutando el glorioso movimiento
Del latido en mi cuerpo de tu cuerpo.